Este año se cumple el tercer año de funcionamiento de nuestro programa de vainilla sostenible en Madagascar. Tres años ricos en retos y aprendizajes, pero sobre todo en resultados concretos que dan fe del compromiso de nuestros equipos, nuestros socios y las comunidades de productores. En sólo tres años, hemos visto crecer la asociación de productores, avanzar las prácticas agrícolas sostenibles y multiplicarse las iniciativas esenciales para la vida cotidiana: acceso al agua potable, cobertura sanitaria, apoyo escolar, reforestación. Nuestra ambición sigue siendo la misma: construir un sector de la vainilla más sostenible, más resistente y más justo, situando la transparencia y la trazabilidad en el centro de nuestras acciones.
Muriel Acat - Presidente de Prova
La vainilla no es sólo un cultivo, es una historia humana y medioambiental. Tres años después del lanzamiento de nuestro programa sostenible, los resultados están a la vista: productores y sus familias apoyados, comunidades mejor respaldadas y ecosistemas preservados. Cada acción emprendida en Madagascar confirma que la industria de la vainilla puede ser justa, sostenible y resistente.

En el centro del programa, repartidos en cinco pueblos, los productores pertenecientes a FIBIMI -una asociación local creada para estructurar el sector de la vainilla y apoyar a los cultivadores en la aplicación del programa sostenible- se benefician de un apoyo global que está transformando su vida cotidiana y la de sus familias. En términos de competencias, todos los productores han recibido formación en Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) y una gran mayoría aplica ya más del 80% de estos métodos; los módulos de gestión asociativa y financiera han reforzado también su autonomía colectiva. En cuanto a la salud y el acceso al agua, todos los hogares están cubiertos por un seguro médico, y cuatro nuevas fuentes de agua potable facilitan el abastecimiento de agua. En cuanto a la educación, los hijos de las familias se benefician directamente del programa: 479 alumnos de 6 a 14 años han recibido un kit escolar y 785 niños tendrán acceso a meriendas en la escuela durante el curso 2024-2025. Por último, para la seguridad alimentaria y la diversificación de los ingresos, más de la mitad de los agricultores han recibido formación para cultivar arroz mejorado; al mismo tiempo, la distribución de 2.440 árboles de clavo y 500 árboles frutales como cultivos comerciales está abriendo nuevas perspectivas económicas a los hogares.

Los cultivadores del programa también se han comprometido a preservar los ecosistemas que son clave para la supervivencia a largo plazo de la vainilla. El sector está cada vez más estructurado: ahora cultivan 250 hectáreas repartidas en 468 parcelas declaradas, mientras que un primer lote de vainilla verde ha sido rastreado hasta la aldea de producción, un paso clave hacia una mayor transparencia. La cartografía con drones refuerza el control agronómico y protege el suelo y los bosques circundantes. En cuanto a la restauración medioambiental, se han distribuido 12.850 árboles forestales y 750 árboles frutales para su reforestación, junto con campañas de concienciación para limitar la deforestación. En total, se han reforestado casi 32 hectáreas en tres años. En conjunto, estas iniciativas demuestran la implicación directa de las comunidades en una industria más resistente, transparente y respetuosa con el medio ambiente.

¿Y mañana?
Nuestra ambición para los próximos años es clara: continuar y ampliar el impacto del programa. En primer lugar, queremos ampliar la comunidad acogiendo a nuevos plantadores en FIBIMI para reforzar la dinámica colectiva y ofrecer las mismas oportunidades a más familias. A continuación, vamos a reforzar la reforestación y la biodiversidad, con un objetivo a medio plazo de 20.000 árboles plantados y el despliegue de prácticas agroforestales que preserven la riqueza de los ecosistemas locales. Por último, queremos desarrollar nuestras acciones sociales profundizando en los ámbitos de la educación, la salud y la seguridad alimentaria, a través de iniciativas diseñadas para responder lo mejor posible a las necesidades expresadas por las comunidades. El futuro del programa pasa por un crecimiento compartido, en el que cada nueva etapa beneficie a los cultivadores, a sus familias y al entorno que les rodea.